QUE FUE DE LA PANDEMIA DE COVID-19?

ACTUALIDAD CIENCIA POLITICA INTERNACIONAL

POR MARCELO COLUSI (*)

COLUSSI analiza con una riqueza exquisita, compara el COVID en el socialismo y en el capitalismo, compara el hambre con el virus, y los distintos titulares que ocupan; imperdible!!

Entre el 2020 y el 2021 el mundo se vio convulsionado por la aparición de un nuevo virus: el coronavirus SARS-CoV-2, virus envuelto de ARN monocatenario de sentido positivo, el cual se constituyó en el responsable de la pandemia de COVID-19 que se expandió por prácticamente toda la superficie del globo terráqueo, salvo la Antártida.

Dicha pandemia ocasionó una cantidad de muertes que, luego de los recuentos y verificaciones pertinentes, según la Organización Mundial de la Salud -OMS- podría oscilar alrededor de 20 millones de personas. Eso daría una cifra de unas 25,000 muertes diarias en el momento cúspide de la pandemia.

Curiosamente la pandemia surgió luego de un año muy caliente en protestas populares; el 2019 había mostrado movilizaciones espontáneas con numerosísimas explosiones sociales en distintas partes del mundo, con millones de personas manifestando: en el continente americano (Chile, Ecuador, Colombia, Haití, Puerto Rico, Honduras, Estados Unidos), en Europa (Francia, España, Alemania, Inglaterra, República Checa), en Asia (Irak, Líbano, India, Pakistán), en África (Sudán, Argelia, Zimbabue, Egipto, Guinea), en Oceanía (Australia, Nueva Zelanda, Papúa Nueva Guinea). En todos los casos, se trató de expresiones de hondo descontento por la situación económica, así como por la exclusión de amplios sectores por motivos de discriminación étnica o de género, o manifestaciones de repudio con motivo del desastre medioambiental que vivimos.

El mundo ardía, cundo en diciembre de ese año apareció este nuevo virus, que clausuró drásticamente la protesta, forzando encierros por doquier, incluso con toques de queda y militarización del espacio público. ¿Qué pasó? Una visión conspiranoica de la situación vio allí un monumental manejo de ingeniería social; como se dijo: “sin disparar un solo tiro, se terminaron todas las protestas”. Otra visión, sin esa perspectiva de confabulación, ve en la problemática relación entre ser humano y medio ambiente la causa de ese desastre sanitario. Así lo consideran, por ejemplo, el Grupo de Trabajo Científico para la Prevención de Pandemias, equipo creado por el Instituto de Salud Global de la Universidad de Harvard y el Centro para el Clima, la Salud y el Medio Ambiente Global de la Escuela de Salud Pública T.H. Chan de dicha casa de estudios:

El cambio en el uso del suelo, la destrucción de los bosques tropicales, la expansión de las tierras agrícolas, la intensificación de la ganadería, la caza, el comercio de animales silvestres, y la urbanización rápida y no planificada son algunos de los factores que influyen en la propagación de virus con potencial pandémico”.

O el propio director de la OMS, el biólogo e inmunólogo Tedros Adhanom Ghebreyesus:

“La historia nos muestra que no será la última pandemia. (…) La pandemia reveló los estrechos vínculos entre la salud de las personas, los animales y el planeta (…) Todos los esfuerzos para mejorar los sistemas sanitarios resultarán insuficientes si no van acompañados de una crítica de la relación entre los seres humanos y los animales, así como de la amenaza existencial que representa el cambio climático, que está convirtiendo la Tierra en un lugar más difícil para vivir.

Definitivamente la pandemia fue una tragedia, con sus millones de muertos y retracción en las economías, lo cual ayudó a profundizar la pobreza de muchísima gente a nivel mundial. Hoy, ya cinco años después, el COVID-19 se comporta como una enfermedad respiratoria endémica equivalente a una gripe fuerte. Ya no es letal como años atrás, debido a la inmunidad de rebaño adquirida por la humanidad a partir de los contagios previos, y por las vacunas desarrolladas. El virus sigue existiendo, y aunque sigue circulando y mutando, y ocasionalmente puede causar brotes estacionales, los casos registrados hoy día constituyen cuadros clínicos leves y, en general, no requieren hospitalización ni tratamientos especiales.

La pandemia ocupó miles y miles de titulares en la prensa, convirtiéndose en el tema dominante en todo el mundo por un largo tiempo. Sin dudas trajo mucho dolor, con tanta muerte asociada. Pero ¡cosa curiosa!: la tragedia sanitaria pasó, y hoy es un triste recuerdo. Sin embargo, otra “afección” sigue produciendo igual cantidad de muertos diarios en todo el globo: el hambre. Según datos de organismos especializados se estima que entre 24,000 y 25,000 personas mueren cada día en el mundo por hambre o causas relacionadas con la desnutrición crónica y aguda. Jean Ziegler, consultor de organismos internacionales, lo expresa con precisión:

El hambre continúa expandiéndose año a año, cada día mueren 24,000 personas de hambre, y por causas relacionadas con la desnutrición son 100,000, lo que da un total de 35 millones de muertes al año. Cuando según datos de la FAO (Fondo para la Agricultura y la Alimentación de la ONU) en el mundo se producen alimentos para alimentar a 12,000 millones de personas [actualmente somos algo más de 8,000 millones] (…), cada niño que muere de hambre es un asesinato”.

La producción de alimentos a nivel global supera por mucho a la población mundial actual. Se producen más de 5,900 kilocalorías por persona al día en cultivos directos, superando la necesidad básica de unas 2,300 kilocalorías diarias. Todo ello representa casi el doble de calorías diarias necesarias por ser humano. El problema es la absolutamente injusta y asimétrica distribución de la riqueza en el mundo, pese a la hipocresía monumental de seguir declarando que somos todos iguales, hijos de un mismo dios y estupideces por el estilo que, aunque se pronuncien en pomposos discursos políticamente correctos, nadie se cree.

De todo lo anterior se pueden extraer varias conclusiones:

  • La pandemia vino a desnudar descarnadamente la situación real del mundo. Los planes neoliberales vigentes desde hace décadas, con achicamiento de los Estados, dejaron colapsados los sistemas públicos de salud. Ello forzó a los gobiernos a producir los enormes encierros obligados, para evitar que la catástrofe sanitaria fuera mucho peor aún de lo que fue.
  • La pandemia, contrario a la narrativa oficial, no fue lo que causó la crisis del capitalismo global, pues ésta ya estaba a las puertas. La crisis sanitaria solo constituyó la chispa que encendió el combustible de una economía global en crisis, que nunca logró recuperarse plenamente del colapso financiero de 2008, y que ahora, años después de la catástrofe sanitaria, se evidencia en toda su magnitud, con retracción y pobreza en aumento en prácticamente todos los países.
  • Los países capitalistas, ricos o pobres, pudieron afrontar las crisis mucho más deficientemente que los socialistas, aquellos donde los sistemas de salud siguen funcionando fuera de la lógica de mercado, siendo tenidas por imprescindibles las inversiones sociales (como salud y educación), y no gastos. De esa cuenta Perú (capitalismo pobre) fue el que presentó los peores guarismos, con 6,604 muertes por millón de habitantes. Estados Unidos (primera potencia capitalista mundial), fue duramente castigado, con 3,626 decesos por millón, con 1,238,678 óbitos sobre 330 millones de habitantes. Por el contrario, Cuba (país socialista), tuvo apenas 771 fallecimientos por millón (con un total de 8,530 decesos, sobre 12 millones de habitantes). Por su parte China (esplendoroso socialismo con su particular modelo) presentó 85 muertes por millón (con 122,398 casos fatales sobre una población total de casi 1,500 millones).
  • El tema de las vacunas anti COVID-19 dejó ver potentes dudas, que abrieron preguntas inquietantes. En nuestro sector del mundo (capitalismo occidental y cristiano, como suele decírsele) las informaciones sobre ellas no dejaron de ser sugestivas: de la Sputnik V, fabricada por el Instituto Gamaleya de Rusia, de las chinas, elaboradas por las empresas Sinovac y Sinopharm, o de las cubanas -Abdala, Soberana 02 y Soberana Plus-, lo cual podría ser un orgullo la Latinoamérica, único país del Sur global que pudo producir una vacuna propia, casi no se habla, mientras de las otras -de los grandes oligopolios capitalistas que manejan buena parte de la salud mundial- llegaron informaciones en catarata, no siempre muy claras. Valga mencionar que los laboratorios Moderna y Johnson & Johnson nunca antes habían hecho una vacuna. Las producidas por AstraZeneca -finalmente retirada del mercado por peligrosa- y Johnson & Johnson fueron las que generaron mayor controversia y cambios en las políticas de salud pública debido a un efecto secundario grave, llamado Síndrome de Trombocitopenia Inmune Inducida por Vacunas. De las rusas, chinas o cubanas -esta última nunca autorizada por la OMS- en general no se dijo una palabra, pese a su más que probada eficiencia.
  • La forma en que se distribuyeron las distintas vacunas a nivel mundial permite ver también la hipocresía en juego, y la total falta de solidaridad existente. Mientras Cuba socialista entregó sus vacunas a muy bajo costo, o incluso como donación en muchos casos, siempre a países empobrecidos del Sur, en los cuales en ocasiones su población recibió solo una dosis, países capitalistas centrales, como Canadá, llegaron a almacenar hasta seis veces más de dosis necesarias para inocular a su población. Parece que el preconizado “amor al prójimo” de la cristiandad no es tal.
  • No puede dejar de recalcarse también que, al igual que sigue sucediendo con el hambre, siempre ocultado en la narrativa oficial, el tema de la pandemia se magnificó en forma exponencial en los medios de comunicación comerciales, pues se habló hasta el cansancio de la letalidad del virus, pero no de otros motivos de muerte, como la vergonzosa falta de alimento. En ese sentido no debe olvidarse que, según la Organización Internacional del Trabajo -OIT-, en el año 2020 a nivel mundial murieron 2,7 millones de trabajadores a causa de accidentes o enfermedades laborales, por lo que hubo más muertes debidas a la siniestralidad laboral que a la pandemia de COVID-19 (alrededor de 2 millones).
  • En definitiva: los medios masivos de comunicación -incluyendo ahí, sin la menor duda, a las actuales redes sociales- son quienes moldean nuestra forma de ver y entender el mundo. Se habló profusamente de la letalidad de este coronavirus -muy peligroso, por cierto- pero no se mencionan temas tan cruciales como el hambre o la explotación laboral. ¿Será útil ver menos memes y analizar más críticamente las cosas?

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